La conversación es somática.
Antes de fin de año recibí un mensaje de tono urgente: - Dani, necesito hablar con vos en forma urgente!
Con cierta preocupación, no contesté el mensaje, llamé directamente.
- CLIENTE: Mañana tengo reunión con los accionistas. Ya se de que viene. Quieren oponerse al proyecto de venta del inmueble para salir de la asfixia financiera. Estoy harto, no puede ser, me complican la vida. ¡Voy a decirles que renuncio y que se arreglen solos! – bramó mi interlocutor con palabras aceleradas del otro lado del celu.
- YO: hola buen día ….(me mantuve unos instantes en silencio, buscando que del otro lado de la linea aprovecharan a respirar). – Te dijeron para que era la reunión?
- CLIENTE: No, pero estoy seguro que es para eso.
- YO: OK. Estaría bueno que preguntes, no?
- CLIENTE: si si pero estoy seguro…
(la conversación continuó por una hora más pero era evidente que su cerebro había desconectado la realidad para sobrevivir a una amenaza imaginaria. No me escuchaba a mí, escuchaba a su miedo.
Al otro día le envié un mensaje para saber cómo había sido la reunión.
- CLIENTE: Era para coordinar la firma del boleto y conocer la planificación financiera con los fondos que recibiremos por al venta del inmueble ….
(la catástrofe imaginada se había esfumado)
.
La conversación ha dejado de ser un río. Ahora es una guerra de trincheras. No construimos puentes. Cavamos fosas.
¿Qué defendemos con tanta furia?
No defendemos la verdad. Ni la rentabilidad. Defendemos nuestra Identidad.
Nos acostumbramos a que cuando alguien desafía nuestra visión, no ataca un dato sino que ataca quiénes somos.
Y el cuerpo reacciona antes que la mente: se cierra. Se blinda. Genera la "coraza".
Un cuerpo blindado se vuelve rígido, se vuelve estúpido. No puede escuchar.
Un cuerpo contraído tiene menos recursos neuronales disponibles.
Luchamos por el “reconocimiento”, para mantener nuestra autoestima y autorespeto.
Percibimos al “OTRO” como amenaza.
Necesito silenciar al otro (cancelarlo) para preservarme. Nos dice nuestro ego.
En las organizaciones, la falta de conversación muestra el miedo: el temor a devaluar la propia imagen ante un superior o grupo impide buscar feedback o disentir.
Se vuelve más evidente en las organizaciones jurídicas, donde el NO SE o el error se castiga abiertamente (indiferencia, exclusión de la “carrera”).
El silencio se convierte en la estrategia segura para sobrevivir en la trinchera corporativa.
Así tenemos organizaciones estúpidas. llenas de expertos que callan para no parecer incompetentes.
La solución es somática: requiere ser conscientes de la vulnerabilidad de la presencia.
Solo con una base somática segura podemos bajar la guardia. No se trata de debilidad. Se trata de física. Un cuerpo rígido se quiebra con el impacto. Un cuerpo permeable absorbe y transforma.
Merleau-Ponty lo llamó "intercorporeidad": escuchar es dejar que el cuerpo del otro habite en el mío. Nos volvemos permeables sin afectar nuestra identidad.
La conversación renace cuando el líder acepta su vulnerabilidad. Cuando el "yo" se hace permeable para que aparezca el "nosotros".
Sin armadura.
Solo presencia.